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Cosas de animales

                Hoy, como todos los domingos, he bajado al kiosco para comprar el periódico y después el pan  (por ese orden, siempre). Hecha la compra he visto un grupo de gorriones que atacaban a una gorriona...  Alertado por la algarabía de alas, picotazos y chillidos me percaté de que el objetivo del ataque tenía  (espero que aún la tenga) una pluma blanca en la cola. Momentáneamente interrumpí la agresión y esa “rara avis” estaba exhausta: vuelos cortos, jadeante, con el pico abierto. Como creo que todo (hasta lo más nimio) puede ser fuente de aprendizaje, pensé (dicho sea sin ánimo de ofender) que las criaturas humanas podíamos aprender que el odio y la agresión a diferente bien está para los animales... Entre nosotros esa actitud no deberá aguantar ni tan siquiera el primer muletazo.

Músculo horripilador

    Sin ir al gimnasio (ojo al dato) he descubierto que todas las criaturas humanas tenemos un músculo   que yo, al menos, desconocía. Su característica principal es que en cada individuo se pone en funcionamiento por las más variopintas causas. En mi caso se acciona cuando veo a algún alumno corretear por los pasillos, cuando algún alumno baja a conserjería cuatro veces en una hora, etc.  Y cuando un jugador del Real Madrid comete un fallo imperdonable...  Tomen nota: músculo horripilador se llama y es el que hace que se nos pongan los pelos de punta.